miércoles 28 de diciembre de 2011

Sobre el inexplicable poder que poseen sobre la humanidad los sándwiches de miga

Según he descubierto últimamente, un sándwich de miga tiene más poder que cualquier estado del mundo. Creo fervientemente que si en algún momento se alcanza la paz mundial, un sándwich de miga va a estar involucrado en alguna parte del proceso. No sé cómo, pero seguro va a estar.

Eso se nota sobre todo en esta época de fiestas (Sí lectores, terminado el Mes del Orto, se viene la época de fiestas, ya lo cubrimos el post pasado).

Por empezar, los sándwiches de miga, al parecer, no ocupan espacio. Esa es una propiedad física notable por cierto, y extremadamente comprobable. Las comidas de las fiestas no suelen ser, digamos, “light”. Generalmente arrancamos con el vitel toné de la tía, el arrollado de pollo de mamá, tal vez algún pedacito de carne a la parrilla, depende de la clase de abuela que tengas lleva ensalada o ravioles con tuco, y un largo etcétera que hace que al finalizar, tu estómago parezca un globo terráqueo cuyas placas tectónicas se mueven al ritmo de Los Palmeras. Y sin embargo, cuando media hora después, algún primo avivado saca de la heladera los sándwiches de miga (correctamente envueltos en un repasador mojado), podés comer cuántos sean, sin que tu barriga explote, porque como dijimos, un sándwich de miga no ocupa espacio y por lo tanto, dos sándwiches de miga pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo. Para vos, Albert.

Otra cosa que me llamó la atención de los sándwiches de miga en este tiempo es el increíble poder que tienen sobre el arte.

Hace unos días mi hermana participó de una exposición de fotografía con cuatro de su autoría, así que fui a la inauguración. Era en un edificio muy coqueto donde siempre se hacen muestras de todo tipo. Sobre las paredes blancas estaban colgadas las fotografías, con las respectivas plaquitas con los nombres y medidas y el nombre del fotógrafo, y en una esquina alejada, como para pasar desapercibida, la mesa de los sandwichitos.

Luego de las palabras iniciales, el lugar de pronto parecía una muestra de sándwiches de miga acompañada por algunas fotografías colgadas por ahí. Por eso yo creo que si un niño tiene algunos de esos desórdenes del aprendizaje, o simplemente es un vago de mierda y no quiere estudiar, se puede hacer una cosa muy pavloviana y esconderle entre las hojas de los apuntes unos sandwichitos, y ya van a ver cómo se pone a estudiar esa sabandija.

No quiero cerrar esta serie de ideas brillantes sin hacer el correspondiente saludo de fin de año para todo el mundo, con augurios de que apenas termine este año comience el próximo, cosa de que no se queden atrapados en el espacio-tiempo.

Salut.

6 comentarios:

Angela dijo...

Si se trata de la paz mundial, yo me apunto con un triple de jamón y huevo!

Sebastián Leonangeli dijo...

Esa es la actitud!

Ronix dijo...

Muchos sanguchitos y que sobren, para seguir comiendo toda la semana post-Navidad... oh, sí sí...

Sebastián Leonangeli dijo...

Mmmm, guarda que en la semana post navidad hay que hacer régimen para bancarte el año nuevo. Ahí sí, le das con toda esa semana, sólo para recordar que tus resoluciones de año nuevo pueden verse obstruidas por un simple sandwich.
Abrazo!

Liberatrice- dijo...

Feliz año Seba, a pura viola. bechos

Sebastián Leonangeli dijo...

Feliz año para vos tambien! Besossss

 
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