Tema complicado, si los hay. De esos que me gustan a mí.
Antes de empezar, y a fin de evitar cualquier malentendido posible, nótese que en ningún lugar de esta nota (ni del blog, vale aclarar) van a encontrar frases del estilo “negros de mierda”, o “negros ignorantes” o semejantes gansadas dignas de una suerte de SS argentina que no se da cuenta de que si Hitler aún viviese, a los primeros que haría cagar sería a nosotros por sudacas mestizos (y a mucha honra). Por otro lado, jamás voy a hacer apología al voto calificado, otra cuestión a mí entender totalmente reprochable.
Ahora sí, por supuesto que esto lo estoy escribiendo a raíz de la nueva victoria de Cristina Fernández, no lo voy a negar, pero me gustaría que por un momento olvidemos eso y que lo que voy a expresar transcienda el ámbito y el fervor post electoral que se vive por estos días.
Pensemos un poco en la democracia. En qué significa.
Muchos dirán que la democracia es ésto, justamente. Se vota cada una cierta cantidad de tiempo y el candidato más votado ocupa el cargo en cuestión y eso es todo. De ahí en más toma la posta el representante. Después de todo, para eso se lo elige.
Otros, más osados, pueden llegar a hablar de compromiso social y político, de involucrarse, de aportar desde distintos ámbitos y otras cosas que están muy bien.
Ahora voy a agregar una pequeña (no tan pequeña) cuestión a nuestra lista de ingredientes: la igualdad.
¿Igualdad de qué, Seba?
Y bueno, igualdad de oportunidades a la hora de no sólo elegir a nuestros representantes a través del sufragio, sino de elegir cómo queremos vivir la democracia en su totalidad, desde qué lugar queremos aportar, cómo elegimos vivir nuestra vida ciudadana.
Y ahora me pregunto, tal igualdad, ¿existe realmente? O lo que sería lo mismo: ¿Vivimos realmente en una democracia?
En seguida me respondo.
Democracia, qué cosa bella. Realmente lo mejor que tenemos, hasta ahora. No será perfecta, no estará siempre perfumada y depilada pero siempre hay que hacer concesiones sobre algunas cuestiones, sobre todo cuando a nadie se le ocurre nada mejor (o por lo menos llevable a la práctica).
Revisando un poco la etimología de la palabra (de origen griego, por cierto), encontramos que se conforma con dos vocablos: demos y kratos, pueblo y poder, respectivamente. Entonces podría ser una suerte de poder del pueblo ¿no?
Ahora, esto nos hace encontrarnos en una suerte de círculo vicioso porque: el pueblo delega la toma de decisiones en un conjunto de personas, y ese conjunto de personas tiene consecuentemente el poder de aplicar políticas que tienen relevancia en cómo el pueblo va a regirse, a educarse (o no) y a llevar adelante todas sus actividades ciudadanas.
Entonces mi punto es el siguiente: si sistemáticamente (y respondiendo a los capitales, nuestros verdaderos gobernantes por propiedad transitiva: A gobierna a B, B gobierna a C, ergo A gobierna a C) se aplican políticas de clientelismo partidario por un lado y en detrimento de nivel educativo por otro (siendo extremadamente general, ejemplos concretos de ambos casos pueden ser subsidios sin políticas sociales concretas por detrás, implementación de EGB, CONEAU, etc.) con el fin de la perpetuación en el poder de los personajes serviles a esos capitales (recordemos que A gobierna a B y a B le encanta engrosar su patrimonio durante el mandato), ¿no estarán quitando al pueblo justamente la base misma de la democracia que es la libertad de elección?
Casi se me escapa la palabra coacción. Lectores, no me lo permitan.
Las elecciones democráticas basan su resultado por supuesto en la elección de la mayoría. ¿Esto significa que la mayoría siempre tiene la razón? Por supuesto que no. ¿Esto significa que entonces soy un antidemocrático? Absolutamente no. La mayoría puede estar equivocada y es un riesgo que tenemos que asumir como parte del sistema democrático. Pero guarda, asumirlo en serio.
En función de lo expuesto, puedo ahora resumir mi idea: la elección de las mayorías es el criterio más noble que tenemos para hacer valer nuestro derecho como pueblo de ejercer el poder a través de nuestros representantes. Pero (siempre hay un pero), para que ésto funcione adecuadamente tiene que existir igualdad de oportunidades para que todos los que estamos involucrados en la democracia podamos elegir sin elementos de coacción (sí, la usé al final). La usé porque esta desigualdad de derechos no se genera por una falla en la Matrix ni por cuestiones inherentes al sistema democrático, sino por políticas puestas en marcha por la misma gente que se perpetúa en el poder a través del voto de quienes se ven privados de sus derechos (¿recuerdan el círculo vicioso?).
Como para finalizar, dejo un antecedente histórico no menor para ilustrar mi concepto. Año 1995, Menem ganó por más del 50% de los votos. Años luego, encontrar a quién había votado a Menem era más difícil que hacer que Messi sea el goleador de la selección.
Espero por el bien de éste país que esté equivocado.
Por otro lado me sumo al mismo pedido de siempre: involúcrense en política porque si ustedes no se involucran, lo van a hacer por ustedes personas que seguramente sean contrarias a sus intereses.
Y dejemos de un lado las camisetas políticas y hablemos en serio: esto quiere decir: me encantaría discutir esto con quien así lo quiera, pero no si vamos a empezar esa idiotez reinante de “ah, vos sos gorila”, o “lees mucho Clarín”, o “la tenés adentro porque somos mayoría”. Un poco de seriedad, gente. Si no después no podemos exigir lo mismo.
Para finalizar, y con todo esto de la democracia en mente, les dejo una poesía de un grande, Charles Bukowski, que tal vez venga al caso, o tal vez no:
Vidas en la basura
el viento sopla fuerte esta noche
y es un viento frío
y pienso en los muchachos
desocupados.
espero que algunos de ellos tengan
una botella de tinto.
es cuando estás en la mala
que te das cuenta que
TODO
tiene dueño
y de que hay cerraduras en
TODAS LAS COSAS.
así funciona la democracia:
agarrá lo que puedas,
tratá de mantenerlo
y agregale algo
si es posible.
así funciona la dictadura
también
y ellos esclavizan o
destruyen a sus
desamparados.
nosotros simplemente
olvidamos
a los nuestros.
en cualquier caso
es un viento
muy
frío.

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