miércoles 4 de noviembre de 2009

Leer a un negro (o sobre el monopolio ario de la literatura)

A veces hasta las cosas más simples parecen extrañas cuando uno las vive.
Todo empezó cuando un día volví al trabajo frustrado de una de mis cacerías de libros que nunca suelen terminar bien, porque en este país bananero para conseguir un libro importado lo tenés que ir a buscar afuera o viajar en el tiempo a cuando se publicó, y ahí capaz que una librería revolucionaria trajo tres copias, y si te apurás y tacleás a algunos clientes en el camino capaz que conseguís una.
Comentando esto en la mesa del almuerzo, Paula me dice que hay una librería que trabaja mucho con saldos, que capaz justo puedan llegar a tener aunque sea alguno de los libros que estoy buscando.
Listo, no se diga más, me llego a la librería, pregunto por los libros. No los tienen, pero muy extrañamente en esta librería de algún mundo paralelo los que atienden tienen buena onda y me dicen que me los van a tratar de conseguir, y lo anotan en una listita y todo, además de explicarme desde que año no lo tienen, por qué editorial los traen, etcétera, un chiche.
Bueno, no conseguí esos que quería, pero me quedé chusmeando, y como me dijo mi amiga, es cierto, tienen mesas de saldos con libros a dos pesos, diez pesos, una cosa increíble hoy cuando un librito minúsculo no te baja de los cuarenta.
Buscando y buscando, encontré un par de cosas interesantes, entre ellas un libro llamado “Los últimos días de Louisiana Red” de Ishmael Reed.
No lo conocía, pero más que nada me llamó la atención por dos cosas, una era la sinopsis escrita en la contratapa que me pareció interesante, y la otra fue la foto del escritor. Era negro.
Me hizo pensar un poco, y cuando llegué a casa esa tarde me puse a buscar en mi biblioteca.
Debo tener fácil doscientos libros, capaz que más, no los conté, y entre todos esos libros, ni uno es de un escritor negro.
Tenía blancos, americanos y europeos, mestizos, asiáticos, pero ni un negro. Hasta ahora.
Después me metí en Wikipedia a ver quién corcho era el tipo éste. Resulta que es una de los más respetados escritores afroamericanos que hay, pero jamás había oído hablar de él.
La verdad ni idea por qué pasa eso, es raro ¿no?
Hoy la conclusión te la dejo a vos porque me voy a leer el libro del grone éste.



Ishamel Reed

14 comentarios:

Sebastián Leonangeli dijo...

Qué raro no... jaja

Tocayo coincido con vos en que hay que hacer un curso para conseguir el libro que uno quiere... y que te atiendan con cara simpática en la librería también es bastante inusual jaja


Un abrazo



Tu tocayo

Sebastián Leonangeli dijo...

Tocayín, muy cierto, y al final los libros que quería los conseguí usados en Mercado Libre y me tendrían que estar por llegar en estos días.
Vos dejá de leer las cosas malas que te piden en la escuela que se te va a atrofiar el cerebro!
Abrazo de enmancipados

Sebastián Leonangeli dijo...

jaja en este momento no estoy leyendo nada para el cole... Estoy leyendo El signo de los cuatro que lo consegui de casualidad jaja, y unos cuentos de Cortázar que están muy buenos. Ayer leí Manual de Instrucciones...



Un abrazo



Tu tocayo próximo a la emancipación

May dijo...

jajaja Muy bueno! Al final no dijiste de que libreria hablabas, por que debe ser una de las pocas que es barata y encima te atienden bien jajajaaj
Contanos que tal el libro.
Saludos

Sebastián Leonangeli dijo...

May: es Aleph, que queda por Córdoba casi llegando a Laprida creo, o por ahí.
El libro muy bueno. Muy raro, pero muy bueno.

Daniel Os dijo...

Venía humildemente a recordar al finado Alex Hailey como para aportar un dato afro a la corta lista de autores negros. Incluso trataba de desenmarañar alguna conspiración discriminatoria de los grupos blancos por sobre los intelectuales negros… pero veo que para pertenecer a determinados foros es imprescindible llamarse Sebastián Leonangeli.

Abrazos para ambos, en todo caso.
D.

Sebastián Leonangeli dijo...

No te sientas afuera Daniel! Desenmarañá conspiraciones tranquilo, que acá con el tocayo te escuchamos ávidamente :)
Y es cierto, la lista es corta, pero hasta ahora, buena.
Abrazo

Nicolás Campagna dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
Nicolás Campagna dijo...

Lenny, al fin dejaste de leer solo blanquitos terratenientes. Tu vida ahora va a cambiar, porque hay un antes y un después de leer a un negro. Saludos capooooo!

Sebastián Leonangeli dijo...

Abajo los blanquitos terratenientes, aguante D'elía capoooooo

Ronix dijo...

Sebastián Leonangeli, futuro escritor negro.

Sebastián Leonangeli dijo...

Ja, tal cual.
Vos no te gastes, ya hay muchos orientales escribiendo.

Daniel Os dijo...

Bueno, vamos con dos coordenadas. Ambas odiosas, pero negarlas es demasiado fácil y admitirlas cuesta.

X = Los blancos, en territorio norteamericano, han monopolizado todos los terrenos intelectuales. No sólo han desarrollado todas sus habilidades en todas las artes y ciencias sino que se han estimulado mutuamente a que el crecimiento fuera constante. Incluso han refrenado voces que aminoraran los vítores de su supremacía.

Y = Los negros han tenido que dedicar por generaciones más energías a resolver cuestiones básicas como el techo, la comida, la libertad y emerger de la desigualdad establecida antes que imaginar odiseas en el espacio, guardianes del centeno y telefonía cableada.

Resultado de la desigualdad, más allá de la asimetría de oportunidades, una cultura altamente desarrollada contra una más joven, primitiva y escasamente alejada de los géneros musicales.

Qué feo es decir que el negro es prepotente, que no tiene facilidad de palabra, no lee y menos escribe… pero es sólo darse una vueltita por un barrio de negros para ver que sus motivaciones no tienen mucho que ver con la literatura.

Aguante la oveja negra, el viejo Ishmael y todos los que se les animen a las letras, que no duelen.
D.

Ronix dijo...

No estoy de acuerdo con ese último comentario. Cómo explicar bajo esas premisas la cantidad de músicos negros que existen, sin meterse en tema de la calidad de los músicos negros, que todos sabemos que suele superar a la de los blancos. (No me refiero a los músicos negros de los bajos.)