jueves 9 de julio de 2009

Arte 2

Ah, no.
Hace un par de días escribí la entrada que titulé Arte y anoche las fuerzas cósmicas hicieron que me tenga que tragar una obra peor que la que te conté la otra vez. Y esta vez ni siquiera la fui a ver, sino que me la comí de rebote.
Te cuento, era un viernes a la noche, y estábamos con ganas de salir. La idea era hacer rotation, pasar por algunos bares, comer, tomar algo y volver a casa a ver una peli, no demasiado tarde. Pero el destino tenía otro plan para nosotros.
Fuimos primero a un bar a comer algo y tomar unas cervecitas, tranqui. Estuvimos ahí un rato y nos fuimos a otro lado en donde hacen unos tragos buenísimos y le echamos mano a unos cuantos. Y finalmente dijimos de ir a conocer un bar nuevo que pusieron a la vuelta de casa, que siempre están pasando reggae y tiene unos parlantitos afuera para que escuches la música cuando pasas por la vereda. La verdad el bar diez puntos, está muy lindo.
Cuando nos sentamos viene el mozo, pedimos una cerveza y un carlitos de pollo. Veníamos bien, noche divertida, ya estábamos algo tomados así que nos reíamos de cualquier boludez. De repente se nos acerca una mina y nos pregunta si veníamos a ver el espectáculo. Como no teníamos ni idea de qué se refería le preguntamos cuál era el espectáculo, y nos dijo que en unos minutos iba a comenzar en ese bar, de hecho en el medio del mismo ya que las mesas centrales habían sido desplazadas para tal fin, una obra de teatro titulada “La religión de las diosas”.
Listo, nos quedamos, a nosotros nos gustan esas cosas y encima si te llega así inesperadamente tiene un gustito diferente, así que pagamos el derecho de espectáculo y como ya iban menguando las luces del bar, nos dispusimos a tomar la cerveza y mirar la obra.
Salen dos chicas a escena con antifaces y unos vestidos medios raros, y empiezan a sostener algo parecido al a siguiente conversación:
Chica 1: …..(mira al público)….. VA….GI…NA!
Chica 2: ….(hace un bailecito medio estrambótico) Claro! Tú dices vagina porque eres la reina Isabel sexta de Suecia!
Chica1:….VA…GI…NA!
Y el resto la verdad no lo tengo muy presente porque me empecé a reír tanto que no pude parar.
Encima lo mejor era que el resto del público se hacía el entendedor y mantenía una postura seria, pero yo sabía que por dentro se estaban meando, porque vamos, nadie puede decir que no me gusta el arte, me ha gustado cada obra de teatro que realmente no sé por qué, pero una cosa es el buen arte y otra el arte por arte mismo, que es algo que me rompe las pelotas.
Igual tuve un cómplice (además de mi señora que tampoco podía parar de reírse). El mozo en un momento me dio una mirada de aprobación y me dedicó una sonrisa como diciéndome “flaco, yo todos los viernes me tengo que aguantar esto, por fin viene uno que se da cuenta que esto es cualquier cosa”.
Igual ahí no terminó todo, me venía riendo por lo bajo, cosa de que nadie se de cuenta, porque tampoco es cuestión de faltar el respeto, pero entre frase y frase, una de las chicas lanzó lo que para mí fue la frase de la noche:
Chica2: Yo estuve allí cuando mi vagina se abrió!
Y ya fue, no pude contenerme más.
Por lo menos nos divertimos y el carlitos de pollo estuvo alucinante.

jueves 2 de julio de 2009

Ensayo sobre la paranoia

Estoy adentro de un libro de Saramago.
La paranoia colectiva general me está matando. ¡Entre la crisis financiera y la gripe porcina ya nos olvidamos del dengue! Milagro.
Todos sospechan de todos. Si caminando por la calle alguien estornuda todos se dan vuelta a mirarlo como si fuera un violador en serie.
Si seguimos a este paso, al que estornude por la calle se los van a llevar los milicos. Total en Honduras ya tomaron el poder, y Cristina los fue a visitar, para mí que están tramando como empezar a “limpiar” la argentina. Y entre los que tengan gripe porcina a alguien más se van a llevar, por molesto nomás. Me suena conocido.
Lo de la pandemia está bárbaro, paranoiqueen todo lo que quieran (pero sepan que pandemia se declara cuando una enfermedad se contagia a lo largo de 4 países, o sea que pandemias hay para tirar para arriba), pero primero pensemos y hagamos algunas cuentas y cálculos.
Sacá la cantidad de gente que muere de gripe porcina y el volumen de paranoia y esfuerzos de todos los ámbitos abocados a eso.
Ahora pensé en cuanta gente muere, por ejemplo, en accidentes automovilísticos, y la poca bola que se le da.
La diferencia es abismal, no hay relación alguna.
También me matan las incoherencias con la que creen que se ataca la gripe. Cierran los organismos púbicos y las escuelas pero no cierran nada más. Muchachos, si te contagiás en la escuela con veinte compañeritos de curso, te podés contagiar en el supermercado con doscientas personas haciendo cola en la caja, ¿no?
Pero por supuesto, el capital puede más, como vamos a cerrar las industrias.
Y ni hablar de las elecciones que no se suspenden, eso es genial. Suspenden las clases en las mismas escuelas en las que vamos a ir a votar el domingo. ¿De qué manera las van a inmunizar a esas escuelas?
Uffff, perdón que este haya sido un post catártico, pero cuando veo toda la paranoia que genera en la gente cuando el sistema se les mueve un poquito me hace pensar que estoy adentro del Ensayo sobre la ceguera.
Masa para acá, masa para allá… ¡que juego divertido!

jueves 25 de junio de 2009

Es sobre un chancho, pero nada que ver con la gripe porcina

Ok, el tema es así, desde el domingo que estoy con gripe, pero quedate piola que no es la gripe A, así que me podés venir a visitar tranquil@.
Tengo otros post programados, pero los corrí todos una semana porque de tanto que estoy estudiando / laburando / haciendo diez mil otras cosas y el poco tiempo que le dedico a escribir lo uso en la interminable novela que estoy armando (capaz que para cuando tenga cuarenta la termine, la lea, no me guste y la borre), hace muchísimo que no escribo ningún cuento.
Si este no fue el último que escribí, le pega en el palo, y casualmente habla de un cerdo. Pero podría haber sido cualquier animal, porque la cuestión era hacer un paralelismo a otras cosas que no te voy a contar porque nunca hablo de "en qué estaba pensando o qué quise decir cuando escribí/compuse algo". Así que lo dejo a tu imaginación, o capaz que te cause gracia pensar que es un cerdo y ya. Eso también está bien.
Hoy lo volví a leer después de mucho tiempo, y me doy cuenta que hoy lo hubiera escrito diferente, pero no importa, así está y por algo es. Como es extremadamente largo, le saqué una parte del medio. Enjoy. Nos vemos el jueves si es que sigo en este mundo cruel que me hace estar lleno de mocos. Au revoir.

Pedro


Pedro era un cerdo. Chancho, le decía mi hermana menor, y mi padre la corregía, entonces le hacía escribir la palabra cerdo con los imanes del refrigerador. Y Pedro, que era el único de los animales de la granja que tenía el acceso permitido a la casa, se quedaba contemplando por horas la palabra escrita con imanes. Siempre le gustaba prestar atención a las cosas escritas.
Un día de mucho calor, Pedro entró al comedor y se acercó hasta la pequeña biblioteca familiar que constaba de cinco libros, incluida la enorme biblia de la abuela Teresa. Cuando estuvo suficientemente cerca, asombrosamente se impulsó y apoyó sus patas delanteras en uno de los estantes, quedando parado en las traseras. Inmediatamente atrajo la atención de la familia entera, quienes, absortos, observábamos el espectáculo que nos ofrecía nuestro querido cerdo. El, sin mirar a nadie, y como si no lo vieran, tomó la enciclopedia con sus patas delanteras y la arrojó al piso. Luego se echó de panza y comenzó a observarla de cerca, pasando de vez en cuando alguna página con su pata delantera derecha.
Ese asunto fue tomado con mucha gracia por nosotros, quienes realizábamos chistes y lanzábamos comentarios como “lo único que falta es tener un cerdo que sepa leer”. Y todos reíamos al unísono observando a Pedro jugar con la enciclopedia.
Pero no pasó mucho cuando un día, a la hora de la cena, Pedro se acercó a la mesa y le dijo a mi padre, “comida plato, no piso”.
Y desde ese día se le acercó una silla a la mesa a Pedro y comía en un plato hondo con el resto de nosotros. Nunca pudo controlar los cubiertos, pero se las ingeniaba bastante bien para agarrar el pan.
Nadie sabe cómo sucedió, pero de a poco comenzó a adquirir más vocabulario y mejorar su gramática, al punto de poder sostener conversaciones con toda la familia.
Un día le pregunté, “¿por qué querés ser como las personas?”, y él me contestó “no por ser cerdo soy menos persona”. Recuerdo que ese día pensé mucho sobre lo que significaba ser una persona.
(…)
El funeral de Pedro fue muy íntimo, lo velamos en casa, como él hubiera querido, con su familia.
Ahora ya nada nuevo sucede en nuestra granja, todo volvió a la normalidad y los miembros de nuestra familia son cien por ciento humanos. Pronto vendrá la noche y como siempre, en la hora en que se parten los colores del cielo, recordaremos a Pedro, e inevitablemente pensaremos que ojalá todos fueran la mitad de humanos de lo que él fue.



Spider pig do what spider pig does...

jueves 18 de junio de 2009

Sobre el salto generacional y político desde el rock a la música electrónica

Hunter Thompson una vez escribió sobre la época de los sesenta en San Francisco, y la describió como “un momento y un lugar especial en la historia para haber vivido, en la cual todos se sentían parte de algo importante, y pensaban que, hicieran lo que hicieran, tenía algún significado”. Obviamente no así textual porque no me lo acuerdo de memoria y me da paja ir a buscar en cuál de los libros de Thompson está ese pasaje.
Desde ya te quiero adelantar que hoy voy a ir y venir por dos temas que pueden parecer desconectados pero están más cercanos el uno del otro que lo que mucha gente piensa, la música y los movimientos políticos.
Verás, existe algo de nostálgico en eso que escribió Hunter sobre San Francisco, o cualquier lugar del mundo, en los sesentas.
Eran, sin duda, tiempos de revolución, cultural o contraculturalmente se llevaban a cabo, en todos los rincones del mundo, movimientos de expresión política y social, fue en ésa época que los pueblos comenzaron a protestar masivamente en sus propios países soberanos contra las guerras que se llevaban a cabo en suelo extranjero. Una visión más pacifista de las cosas, se diría.
Fue en esa época que se consolidaba también la revolución cubana por ejemplo, que Vietnam arremetía fuerte contra el imperialismo yanqui, que los movimientos revolucionarios de las minorías oprimidas comenzaban a ganar la batalla. Movimientos feministas, movimientos contra el racismo, todos peleaban por algo. También se dieron movimientos culturales y artísticos propios de una época tan arremolinada.
El rock se impuso fuertemente a nivel mundial. Era la música que usaban los jóvenes como himnos de batalla para luchar contra las injusticias. Era el punto de apoyo que tuvo el movimiento contracultural hippie para llegar a todas partes del mundo, bajo la consigna de que donde estuviera sonando una canción de Jimmy Hendrix o de Joni Mitchel, y alguien estuviera fumando un porro, en esa habitación se estaba por producir un quiebre en la conciencia colectiva en pos de una mejora en las condiciones de vida del humano mediante la caída del sistema establecido.
La nostalgia aparece en mí, porque hoy no existe eso.
Rosario, en el año dos mil, no es un lugar ni una época en la historia donde uno pueda afirmar que se siente parte de algo importante. Ya nadie pelea por nada. La frivolidad ganó el partido.
Es como si todos se hubieran olvidado de lo que la humanidad como conjunto aprendió estas últimas décadas.
Y el rock también murió. Como movimiento cultural por lo menos. Ya nadie es rocker. Todos pretenden serlo pero en el fondo quieren que el sistema continúe como está porque así pueden comprarse un BMW.
Lejos están las épocas en que un rocker prendía fuego una guitarra en el escenario y un espectador pudiera sentirse tocado hasta tal punto por ese hecho que fuera una metáfora de sus viejos preconceptos y discriminaciones sin sentido siendo quemadas para renacer como una persona nueva en ese solemne acto de rock.
Hoy el rock, como la revolución, son conceptos olvidados en el tiempo. Jugamos a que los tenemos, pero en realidad todos están muy contentos de que nadie los traiga a colación nunca más. Finalmente, la opresión materialista ha ganado a tal punto que la humanidad quiere perpetuarse en el sistema y dar vueltas como un pollo al espiedo, o como un loop de una canción electrónica.
Y la juventud, alguna vez rockanrolera y rebelde, hoy es loopera y conformista.




Hunter Thompson (1937 - 2005)

jueves 11 de junio de 2009

Arte



En este momento de la humanidad, nadie puede decir qué es arte y qué no.
Ya se han hecho esculturas con inodoros, pinturas que son nada más que un cuadrado negro, y exposiciones de PCs una arriba de la otra y nadie duda en llamar a eso arte. Lo cual está genial, me parece bárbaro. Me acuerdo puntualmente ir en una oportunidad al Malba y ver una muestra de Fluxus, donde una de las obras era una TV pasando un video de no sé qué cosa y un sapo de juguete mirando la pantalla, y me voló la mente. Toda esa muestra me voló la mente y eran todas pelotudeces de ese calibre, pero me encantó.
El tenor de la rareza de la obra tiene lugar también en la cantidad de estupefacientes que son necesarios para poder llegar a una conclusión sobre la misma.
Ni siquiera estoy hablando de la cantidad de drogas consumidas por el creador porque entonces tendría que escribir un tratado sobre los carteles colombianos y el tráfico mundial de sustancias.
Me pasó hace unas semanas ir a ver una obra de teatro. Acá en Rosario hay cosas muy interesantes a nivel cultural, la cagada es que no se difunden, o en realidad, la verdadera cagada es que no haya mercado para proponer esas cosas que lentamente van muriendo en manos de la TV por cable, internet, los boliches multiespacios, Tinelli y el Fondo Monetario Internacional, entre otras cosas. Pero en fin, si buscás bien, todos los fines de semana tenés algún espectáculo o muestra interesante que ver.
Pero bueno, nunca zafás de que alguna vez algo de lo que veas supere el límite de tu entendimiento o de tu sobriedad. Como me pasó a mí.
Era la primera vez que iba a ese teatro. Como en todo teatro under, te hacen esperar en una habitación inundada de objetos retro, inclusive los sillones donde uno se tira a esperar a que abran la puerta de la sala.
La puerta se abre y pasamos a una sala más bien chica, creo que había asientos para cuarenta personas, no más. Las que estábamos presentes habremos sido unas veinte. El pequeño escenario, vacío.
Se encienden las luces, y salen dos personas a escena, los únicos dos actores que tendría la obra durante su duración total que fue de una hora veinte minutos. Cero escenografía.
La idea básica era que los personajes se cruzan en el desierto de la Pampa argentina, uno, el mayor, de unos sesenta años es un maratonista ciego que está corriendo una maratón interprovincial desde la mesopotamia hasta los Andes, y perdió su rumbo, porque claro, está ciego. El otro es un filósofo que desde hace veinte años está buscando el presente. Sí, el presente.
Se podrían haber hecho diez mil cosas interesantísimas con un argumento así, pero yo me imagino al director de la obra dándole una tablita de ácido a cada actor y diciéndoles “muchachos, ustedes salgan y hablen nomás, después vemos sobre la marcha”.
Porque así fue, una conversación sin sentido entre dos personas de las cuales (esto quedó muy claro) una busca un presente que ya no existe y la otra siempre busca la llegada.
Me imagino que será una metáfora de algo. ¿De qué? Ni idea, pero como nos dimos cuenta que en ese estado no íbamos a entender nada, apenas terminó la obra le dije a mi esposa “Si queremos entender esto, nos tenemos que poner en pedo ya mismo”.
No tuve resistencia alguna, y al rato estábamos tomando tragos y hablando de cualquier cosa. Pero nos olvidamos de buscarle el sentido a la obra. Otra vez será.

jueves 4 de junio de 2009

Ich bin nicht VIP

Como soy así de previsor y ordenado, a pesar de que el recital es en Octubre y faltan cinco meses, ya intenté comprar la entrada para ver a Depeche Mode.
Digo, intenté, porque al querer hacerlo me topé con una barrera con la que hacía mucho no me topaba, uno de esos fantasmas de la adolescencia (época nefasta si las hay) que uno cree que nunca lo van a volver a aterrorizar, como por ejemplo hacer cola en los boliches, pero sin embargo luego de un tiempo nos damos cuenta de que nunca se habían ido, solamente estaban latentes esperando el momento de juntar fuerzas y arrancar nuevamente atropellándonos a su paso.
Cuando quise comprar la entrada para ver a Depeche Mode me recordaron que no soy persona VIP.
Como esas veces cuando tenía quince, y quería entrar en el boliche a la parte VIP, donde estaban todas las minas buenas y los flacos más grandes, y nunca me dejaban. Me tenía que quedar, como el resto de mis amigos, bailando en la pista principal, observando ese mundillo exclusivo que, como suele suceder con todas las cosas, desde afuera se ve mucho mejor que desde adentro.
Obviamente que cuando fui creciendo, y tuve edad para ir al VIP de los boliches a los que iba cuando tenía quince, me parecía patético y nunca más fui. Pero así es la vida, cuando uno no puede, lo quiere, y viceversa.
Y cuando crecés más todavía, empezás a pensar que uno realmente quiere ser un Very Important People con alguna gente. Con la gente que realmente importa. Ser un VIP para los amigos, para el amor, para la familia, para alguien especial, esas cosas que llenan el alma.
Pero el alma se te desllena y los pajaritos y los arcoíris se van todos a la concha de su madre cuando querés comprar la entrada para ver a Depeche Mode y no podés porque no sos VIP.
En este caso ser VIP es por partida doble, primero porque las entradas salieron inicialmente a la venta para los clientes de un Banco X, y recién a las dos semanas para el resto de los cristianos. Lo cual en realidad, no sería ningún problema si la entradas fueran todas iguales, porque es imposible que los clientes de ese banco a los que les gusta Depeche llenen un estadio, pero el tema es que el campo fue dividido en dos sectores, uno que se llama campo, y el otro que ¿cómo se llama?
Sí, acertaste, Campo VIP.
El campo VIP convierte al campo general en una mentira, ya que la idea del campo en un recital es poder llegar pisando cabezas y metiendo codazos hasta adelante de todo, para poder estar bien cerca del escenario por más al pedo que eso sea. Pero ahora no, ahora vas al campo para apelotonarte para llegar adelante para estar más cerca de los garcas VIP que tienen cuenta en el banco este y garparon la entrada doscientos mangos más que yo.
No quiero ni siquiera tocar el tema de que el mismísimo concepto de Very Important People es otra mentira que el régimen capitalista/PauloCohelista te quiere vender para que te sientas bien seguro de que vas a alcanzar todo en esta vida si tenés quinientas cuentas en distintos bancos y veinte tarjetas de crédito, simplemente quiero cerrar este post con altura y elegancia, diciéndote, a vos, que sos un flaco VIP: shupála.



Se viene D Mode!!!

jueves 28 de mayo de 2009

Paranoid Android

De nuevo en Córdoba. Esta vez peleando con la wi fi y con el personal del hotel.
Aparentemente en Cordoba el concepto de wi fi que funcione sin interrumpirse es tan bizarro como el de la cerveza fría.
Me fui a cortar el pelo, aproveché porque como en Rosario siempre tengo algo para hacer y acá estoy al pedo, y dado que mi última visita a la peluquería fue hace exactamente un año y cinco meses atrás, me pareció sensato.
Me tocó una peluquera feminista. No tengo nada contra las feministas. Si yo fuera mujer sería feminista. Pero por algún motivo le tengo resistencia a estar rodeado de mujeres con tijeras que te cuentan qué malos que son los hombres y a vos no te queda otra que asentir por el bien de tu yugular.
Ya veía los titulares del diario de mañana: “Joven rosarino muere atacado por peluqueras cordobesas luego de tratar de explicar que no todos los hombres son iguales”. No da. No sería bueno para las relaciones interprovinciales. Ya demasiado complicada está la situación del país como para agravarla con actos de terrorismo peluquero.
Volví al hotel con el pelo más prolijo, y me vine al bar a escribir un rato y tomar una cervecita.
Ya van tres, pero ninguna fría. Y eso que pregunté “¿Está fría la cerveza?” Capaz que se piensa que como soy rosarino no hablo cordobés y no entiendo nada, pero ya lo voy a hacer pisar el palito en algún momento, estos mozos no me engañan. Nos tienen estudiados a todos.
Hoy leí una noticia sobre la maratón anual de mozos. Cerca de 500 mozos de todo el país van a Buenos Aires con sus uniformes de trabajo y tienen que correr una maratón con una bandeja que tiene un vaso de agua y dos botellas sin que se les caiga nada. Si pueden organizar eso pueden obviamente organizar complots más elaborados. Capaz que el mozo no tiene la cerveza fría porque no ganó la maratón y está desganado. Cuando venga le voy a preguntar si fue. Lo más probable es que lo niegue, pero no me voy a dejar engañar. Si es necesario voy a usar la fuerza para sacarle la verdad. Después de todo, tengo tres botellas de cerveza vacías para pegarle. Por lo visto, no puedo dejar de vivir al filo del peligro, de peluqueras asesinas a mozos conspiradores que deben estar entrenados en la pelea con sacacorchos.
Y me estoy poniendo nervioso porque la wi fi se corta cada dos minutos exactamente.
Voy a empezar una pelea, si sobrevivo a los ninjas asesinos que me quieren exterminar te veo el jueves que viene.